Tras el triunfo de Barcelona, las declaraciones de Héctor Villalba exponen una realidad ineludible de Guayaquil que suele condicionar a los equipos argentinos. Sus palabras subrayan que el 1-0 que selló con su gol tuvo también el peso de un clima y una cancha que complicaron. Esta ventaja de localía se hizo evidente en el desgaste de los jugadores de Boca, quienes se vieron notablemente afectados por la combinación de calor y humedad extrema durante el encuentro. Y también, por el campo pesado debido a la lluvia.

El análisis de Villalba confirma que el factor ambiental fue un aliado clave para ganarle el equipo de Ubeda, permitiéndoles mantener la intensidad mientras el rival perdía aire. Al mencionar que » a cualquier equipo que venga acá se le hace difícil«, el ex-San Lorenzo valida la dificultad extra que enfrentan los planteles que no están habituados a competir bajo esas condiciones de sofocón constante. Pero como si fuera poco, la lluvia hizo su parte…

Video: FOX Sports

El factor Paredes

Respecto al desempeño futbolístico del Xeneize, Villalba destacó el volumen de juego que el equipo posee a través de Leandro Paredes, quien a su criterio maneja todos los hilos del partido. «Ellos tienen mucho volumen de juego con Leandro, él maneja todo. Metió dos o tres pases que, si la cancha no está tan mojada y si no hubiese llovido, tranquilamente entraban. Tiene un guante en el pie«, aseguró el atacante en TyC Sports.

TNT Sports.

Además de la figura del volante, el jugador que más sorprendió a Villalba por su capacidad de asociación fue Exequiel Zeballos. Al respecto, el delantero de Barcelona SC resaltó: » El que más me llamó la atención por la asociación que tenía fue el Changuito Zeballos. Hizo dos o tres controles y dos o tres giros de ese jugador de jerarquía que todos ven«. Según su visión, el santiagueño es uno de los futbolistas que mejor logra interpretar el juego que propone Paredes.

Barcelona y el cuádruple empate

Asoma ante la derrota del martes otra cuestión: que Barcelona aún no está eliminado. Y que puede llegar también a requerir algún criterio de desigualdad para desempatar. En ese caso, Boca le ganaría en un mano a mano porque en la Bombonera lo venció 3-0 y en Guayaquil cayó 0-1. Sin embargo, la levantada de los ecuatorianos abre otra puerta, que ya entraría en el terreno de la locura.

Va con un ejemplo: si Católica le gana a Cruzeiro sumaría 9 puntos. Si Boca pierde con Cruzeiro y le gana a Católica también terminaría con 9 al igual que los brasileños con esos puntos que se llevarían de la Bombonera. Y contemplando que Barcelona les gane tanto a los chilenos como a Cruzeiro, sería el cuarto equipo en llegar a 9 unidades.

¿Vuelta a cero?

Sí, un grupo empatado y vuelta a contar de cero cada cruce y cada diferencia de gol. Que, por supuesto, dependerá de cómo sean esas variantes (también podría darse con una victoria de Cruzeiro y resultados inversos en los cruces con Boca) y abriría la puerta a un escenario de cuentas múltiples, ahí sí ya a definirse por la clásica diferencia de gol.

Muchas variantes aún, en un grupo que en la previa muchos señalaron como el de la muerte… y que en el camino parecía resolverse más fácil, pero resultó ser el definitivo grupo de la muerte. Algunas de esas variantes se dirimirán a partir de un partido que Boca mirará de reojo. O con los dos ojos encima.

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