En cuestión de media hora, el Monumental pasó del nerviosismo al aplauso. De la bronca al desahogo. Del insulto al puño apretado. Del “que se vayan todos”, cuando River caía 1-2 ante San Lorenzo y parecía quedarse afuera, a la fiesta desatada por un Santiago Beltrán salvador. El final fue tan caótico como emocional: una montaña rusa que retrató el humor cambiante de una noche límite en Núñez.

Porque el clima empezó a espesarse mucho antes de la definición por penales. River no encontraba respuestas futbolísticas, San Lorenzo lo incomodaba y la gente comenzó a perder la paciencia. Primero bajó el clásico “a ver si nos entendemos, los jugadores y la popular…”, en un intento de empujar al equipo y exigir una reacción dentro de la cancha. Pero el mensaje rápidamente dejó de ser de aliento para transformarse en reproche.

La hinchada de River ante San Lorenzo. Foto Alejandro PagniLa hinchada de River ante San Lorenzo. Foto Alejandro Pagni

Con el correr de los minutos y el resultado adverso, el Monumental endureció el tono. El “jugadores…” empezó a bajar desde las cuatro tribunas tras el segundo gol del Ciclón, reflejando el fastidio por un equipo que no lograba imponerse en un partido caliente. Y poco después llegó el golpe más fuerte: el “que se vayan todos”, potente y generalizado, explotó en un estadio atravesado por la frustración y el desconcierto.

Ese canto no pasó inadvertido para Juan Fernando Quintero. El colombiano, uno de los referentes futbolísticos y emocionales del plantel, sintió el impacto de la reprobación. Y cuando apareció en tiempo de descuento para convertir el empate agónico que llevó la serie a los penales, reaccionó con furia. Giró hacia una de las tribunas, gritó el gol con rabia y lanzó insultos hacia la gente, visiblemente molesto por el clima que se había generado apenas minutos antes. La escena sorprendió por tratarse de un futbolista idolatrado por el hincha, pero también reflejó la tensión extrema que se vivía dentro y fuera de la cancha.

Algunos silbidos, pero un pedido claro: «Esta noche tenemos que ganar»

Sin tiempo para procesar demasiado, llegó la tanda. Y ahí el Monumental volvió a transformarse. Los nervios dejaron paso a la ilusión y cada penal convertido se celebró como una descarga emocional. Hasta que apareció Santiago Beltrán, héroe inesperado de la noche, para terminar de desatar el descontrol.

Con la clasificación consumada, el estadio pasó del enojo total a una fiesta absoluta. Los mismos hinchas que minutos antes cantaban contra el equipo terminaron saltando y celebrando al ritmo de “Esta es la banda del Millonario, que está bailando de la cabeza, se mueve para acá, se mueve para allá”. Y, fiel a la lógica del fútbol argentino, también hubo tiempo para volver a mirar de reojo al rival de toda la vida con el clásico “es para Boca que lo mira por TV”.

La hinchada de River ante San Lorenzo. Foto Alejandro PagniLa hinchada de River ante San Lorenzo. Foto Alejandro Pagni

Así, en apenas media hora, el Monumental vivió todos los estados emocionales posibles. Del abismo al alivio. De la reprobación feroz al carnaval final. River estuvo al borde del caos, pero terminó abrazado a una clasificación que cambió por completo el cierre de una noche que parecía destinada al incendio.

El Chacho, ante CASLA. Foto Alejandro PagniEl Chacho, ante CASLA. Foto Alejandro Pagni

Los goles del partido