El picudo negro de la vaina de la soja (Rhyssomatus subtilis) dejó de ser un problema regional para convertirse en una amenaza de escala nacional.

Tras dos décadas con presencia concentrada en el noroeste argentino (NOA), en las últimas campañas dio un salto hacia zonas productivas del centro del país, encendiendo señales de alerta en el sistema sanitario agrícola.

Las primeras advertencias surgieron en julio del año pasado, luego se confirmaron en septiembre y se profundizaron en marzo del corriente ejercicio, cuando se halló la plaga en Santa Fe, además de Córdoba.

La soja, bajo alerta: el picudo negro sigue expandiéndose y apareció también en Santa Fe

EL PICUDO NEGRO VIAJA EN MAQUINARIA

De acuerdo con registros del Sistema Nacional de Vigilancia y Monitoreo de Plagas (Sinavimo) del Senasa, la expansión del insecto no responde a patrones naturales.

Por el contrario, especialistas sostienen que su dispersión estaría fuertemente asociada a la intervención humana, especialmente al traslado de maquinaria entre regiones.

“La presencia del picudo negro de la vaina en la Argentina fue registrada por primera vez en la campaña 2005/2006 en Santiago del Estero. Desde entonces, su avance fue lento, pero sostenido dentro del NOA, alcanzando Tucumán, Catamarca y Salta”, explicó María Guillermina Socías, del INTA Salta.

El escenario comenzó a cambiar con mayor velocidad en los últimos años. Entre 2022 y 2025 se registró una expansión dentro de Santiago del Estero hacia nuevas zonas productivas, incluyendo el nordeste y el sudeste provincial. En paralelo, en Chaco se confirmó su presencia en el departamento Almirante Brown.

El picudo negro, la nueva plaga que amenaza a la soja: “Hay que prevenir su avance”

Sin embargo, el dato más inquietante es su desembarco fuera de su área histórica. A fines de la campaña 2024/2025, el picudo fue detectado en el centro-norte de Córdoba. Luego, durante la campaña 2025/26, técnicos del INTA confirmaron su presencia extendida en los departamentos Río Primero, Santa María y Río Segundo.

Como se mencionó, la expansión no se detuvo allí: también se reportó su llegada a Ceres, en la provincia de Santa Fe. Este avance hacia el núcleo de la región sojera marca un posible punto de inflexión en la dinámica de la plaga.

PICUDO NEGRO: UN ENEMIGO SILENCIOSO Y EFICIENTE

El impacto del picudo negro se explica por su biología. Se trata de una especie univoltina -con un solo ciclo anual-que acompaña al cultivo de soja durante todo su desarrollo.

Los adultos atacan los brotes tiernos, lo que puede frenar el crecimiento de la planta. Sin embargo, el mayor daño lo provocan las larvas, que se alimentan directamente de los granos dentro de las vainas.

Este proceso no solo reduce el rendimiento, sino que también deteriora la calidad, ya que las perforaciones facilitan el ingreso de agua y patógenos.

picudo negro de la soja

Su comportamiento agrava el problema: presenta hábitos crepusculares, se oculta entre restos vegetales y puede simular estar muerto ante amenazas. Además, parte de su ciclo transcurre protegido dentro de la planta o en el suelo, lo que limita las ventanas de control químico al estado adulto.

A esto se suma una dinámica de emergencia en “pulsos”, generalmente luego de lluvias importantes, lo que reduce la eficacia de los tratamientos, que rara vez superan los 10 días de control.

PREVENCIÓN Y MANEJO, LAS CLAVES

Frente a este escenario, los especialistas insisten en un enfoque preventivo. Uno de los pilares es la rotación de cultivos con especies no hospederas, como gramíneas, para interrumpir el ciclo biológico del insecto. Esta estrategia debe aplicarse no solo en los lotes afectados, sino también en campos vecinos.

El segundo eje es el manejo sanitario, con foco en la limpieza exhaustiva de maquinaria y vehículos que se trasladan entre zonas productivas. Esta práctica resulta clave para evitar la dispersión involuntaria del picudo hacia nuevas áreas.

Además, recomiendan intensificar el monitoreo temprano. En lotes con antecedentes o sospechas, es fundamental inspeccionar vainas en busca de picaduras o perforaciones, y abrirlas para detectar larvas o daños en los granos.

En este contexto, el INTA avanza en la articulación de una red de trabajo entre investigadores y extensionistas de distintas regiones, con el objetivo de mejorar la detección, el seguimiento y las estrategias de manejo.

Según indicó Eduardo Trumper, coordinador del Programa de Protección Vegetal, la iniciativa busca sumar también a otras instituciones y al sector privado para enfrentar una problemática que ya dejó de ser local.