A días del estreno de la secuela de El diablo viste a la moda, la historia volvió a ser tendencia y a ponerse en el centro de la conversación a nivel mundial. Y, a diferencia de lo que ocurrió hace más de dos décadas, cuando estrenó la primera película, esta vez llega a las salas con la posibilidad de redescubrir el origen de la historia a través de los libros de Lauren Weisberger, que inspiraron ambos filmes y que volvieron a las librerías de la Argentina con una nueva edición.

La novela original, publicada en 2003, presenta a Andrea Sachs en su llegada a la revista Runway, bajo el mando de Miranda Priestly. Esa base es la que la película protagonizada por Meryl Streep y Anne Hathaway llevó a la pantalla, con una impronta que combinó humor, glamour y una mirada accesible sobre el detrás de escena de la moda.

Los libros amplían ese universo con más detalles sobre los personajes y sus vínculos. La historia de Andrea, por ejemplo, tiene mucha más profundidad en su entorno personal, sus dudas y las tensiones que atraviesa mientras intenta construir una carrera. También aparecen matices diferentes en figuras como Emily o Nigel, que suman capas a relaciones que el público ya conoce por la película.

Ese desarrollo más amplio también se refleja en el recorrido de la protagonista y en su forma de posicionarse frente al mundo laboral. Lejos de contradecir lo visto en el cine, los libros funcionan como una extensión que permite entender mejor sus decisiones y el impacto de esa experiencia en su vida. Ideal para quienes son fanáticos de las películas y tienen ganas de ir más allá.

La novela La venganza viste a la moda, segundo tomo de la trilogía, publicada en 2013, retoma la historia de Andrea una década después de su paso por Runway. En esta etapa, está al frente de una revista nupcial llamada The Plunge y a punto de casarse, pero la reaparición de Miranda Priestly vuelve a poner en tensión su carrera y su vida personal. El eje del libro gira justamente en torno a esa pregunta: cuánto logró realmente desprenderse de ese mundo y cuánto de esa lógica sigue marcando sus decisiones.

La nueva película toma esa premisa de manera libre. En lugar de seguir ese mismo camino, propone el regreso de Andy a Runway, ahora en un rol más alto dentro de la estructura editorial, mientras Miranda enfrenta el desafío de sostener la revista en un contexto atravesado por la crisis de los medios tradicionales. El conflicto, así, se vuelve más directo y actual, con un cruce renovado entre ambas.

En ese sentido, la secuela abre una nueva etapa donde esas dos miradas pueden dialogar. Con una Andrea más grande y consolidada, la historia vuelve a poner en juego temas como la ambición, la identidad y el precio del éxito, ahora en un escenario donde la industria también cambió.

Otro de los puntos donde los libros suman espesor es en el retrato del mundo de la moda. A partir de su experiencia, Lauren Weisberger construye situaciones y detalles que muestran con precisión las jerarquías, los códigos y los excesos del sector. Desde pequeños gestos cotidianos hasta dinámicas internas, ese nivel de observación aporta una mirada más minuciosa sobre un universo que en el cine aparece más ligado al impacto visual.

La nueva película, por su parte, actualiza ese contexto con la irrupción de lo digital, los influencers y los cambios en el consumo de moda y medios. Sin embargo, es en la combinación entre ambas versiones donde la historia gana profundidad: por un lado, el espectáculo y el ritmo del cine; por otro, el detalle y la ironía que despliega la trilogía.

En ese cruce, la lectura se vuelve una forma de completar la experiencia. No como una contracara, sino como una ampliación que permite descubrir otras capas de los personajes y del mundo que habitan. Una invitación que cobra sentido justo cuando El diablo viste a la moda vuelve a escena con una nueva película.