16/05/2026 22:50hs.

Soltó el pie. Levantó la vista y con templanza engañó a Jeremías Ledesma, el Conan bárbaro que ya le había sacado un penal al (casi siempre) infalible Gonzalo Montiel. Zácate. Al otro poste. A la red. A la historia. Para mandar a la papelera los murmullos. Los reproches. Los silbidos. El piso de imagen negativa que se disparó como una V. Que pasó del sótano a la terraza y al cielo, si es que el domingo se da lo que Núñez tanto desea hace rato.

Foto Juano Tesone Foto Juano Tesone

“Estoy muy contento. Creo que merecíamos esta victoria, demostramos de vuelta un buen nivel dentro de la cancha y somos justos victoriosos”, dijo el #11. El hombre que pasó por los estadíos que alguna vez el Chacho Coudet resaltó al decir que el jugador conocía a River cuando lo puteaba y lo aplaudía la misma San Martín. Bueno: Colidio ha vivido ambas sensaciones. Quedó en el foco al salir Marcelo Gallardo, por ser uno de los futbolistas que no habían logrado dar la talla con el Muñeco. Pero se reivindicó. Levantó. Y si bien tuvo vaivenes, en plena fiebre futbolera de sábado por la noche cruzó el tiro y llevó al Monumental una vez más al punto de ebullición. Y a todo el CARP a una nueva final después de un año (la última, contra Talleres, en Asunción).

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“No sé si fue el mejor partido, pero lo importante es que jugamos como se deben jugar esta clase de partidos. Estamos muy contento por cómo lo jugamos. Lo importante es que estamos en la final, tenemos que disfrutar eso y prepararnos”.

Y sí: Colidio está en éxtasis. Levantando. Intentando llegar a ese nivel que llevó a River a invertir en él, a extenderle su vínculo en 2025 con una cláusula multimillonaria cuando lo merodeaban desde Brasil. Buscando pasar la página pesada de la temporada pasada y alcanzar el cenit del fútbol argentino. En su caso, con goles: ya lleva cuatro en el año (más dos asistencias), todos con el Chacho en el banco, el deté que lo recuperó, el técnico que acompañó “los procesos”, según sus propias palabras, hasta transformarlo en un jugador determinante en el ataque.

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Y también en el temperamento. Quedó claro en el gol. En esa definición. En el golpe a la pelota que pesaba toneladas, especialmente después del tiro que había fallado el que hizo gritar a todo un país. En el festejo en honor a Seba Driussi junto a esa gente que empezó a reconquistar.