
Roxana Amed, una de las voces más destacadas del jazz argentino, murió este domingo 25 de octubre, a los 63 años. La noticia fue confirmada a través de las redes sociales por Sony Music Argentina.
A través de su cuenta oficial de Instagram, la disquera publicó un sentido comunicado despidiendo a la artista. «Lamentamos profundamente el fallecimiento de Roxana Amed, extraordinaria artista, compositora y productora, cuya voz, sensibilidad y visión musical dejaron una huella única en la música», reza el texto.
Y continúa: «Nos unimos al dolor de nuestro querido colega Daniel Arano, su familia y todos quienes tuvieron el privilegio de conocerla y compartir su arte. Honramos su legado y su invaluable contribución a la música. Descansa en paz Roxana, te vamos a extrañar mucho». Hasta el momento, no se informó oficialmente la causa de su muerte.
La noticia generó una profunda tristeza en el ambiente musical, donde Amed era reconocida por su capacidad para combinar el jazz contemporáneo con las raíces del folclore y el rock argentino. Su trayectoria la convirtió en una referente del género tanto en el país como en el exterior.
Nacida en la ciudad de Buenos Aires y criada en Ramos Mejía, comenzó su camino artístico en los clubes de jazz porteños, a los que viajaba para cantar con distintas agrupaciones. Su vocación musical convivió desde temprano con otros intereses, como el cine y la literatura, disciplinas que también influyeron en sus composiciones.
En 2002 debutó con repertorio propio en el primer Festival de Jazz de la Ciudad de Buenos Aires, en el Teatro Ópera. Dos años después publicó Limbo, su primer disco, producido junto a Pedro Aznar, con quien inició una colaboración fundamental para su carrera.
Su relación con Aznar comenzó de una manera particular. Según contó en una entrevista con Clarín, decidió acercarle sus composiciones porque buscaba un músico capaz de comprender su intención de cantar en español y construir una identidad argentina dentro del jazz.
El proyecto marcó el comienzo de una discografía que, con el paso de los años, incorporó nuevas búsquedas sonoras y colaboraciones con artistas de distintas nacionalidades.
En 2013 tomó una decisión que cambió su vida: se instaló en Miami junto a su familia. Allí continuó su carrera musical y desarrolló una importante actividad académica. Obtuvo una beca para cursar una maestría en Jazz Vocal en la Florida International University y comenzó a enseñar historia del jazz y música afroamericana.
En una entrevista con Clarín en 2021, recordó que su mudanza respondió a una necesidad personal y artística. «Necesitaba encontrar otro lugar en el que pudiese continuar con mi proyecto», explicó entonces.
Su trabajo recibió numerosos reconocimientos. Fue la primera cantante y productora argentina en ganar un Premio Gardel al Mejor Álbum de Jazz y obtuvo tres nominaciones a los Latin Grammy. También recibió un Diploma al Mérito de la Fundación Konex.
En 2021 lanzó Ontology, un álbum que profundizó su exploración del jazz y el folclore. Dos años después publicó Los trabajos y las noches, inspirado en la poesía de Alejandra Pizarnik, y en 2024 presentó Becoming Human, un trabajo bilingüe que reunió once composiciones originales.
Su último disco, Todos los fuegos, llegó en mayo de 2025 y significó un acercamiento especial a las canciones que habían marcado su juventud. Allí reinterpretó clásicos de Charly García, Luis Alberto Spinetta, Fito Páez y Soda Stereo desde su particular mirada jazzística.
A pesar de vivir en el exterior, Amed mantuvo un vínculo permanente con la música argentina y sus artistas. Su obra estuvo atravesada por esa búsqueda de identidad, que le permitió construir un lenguaje propio sin abandonar sus raíces.
