Quizás Aníbal Gordon haya usado seguido la avenida Santa Fe para dirigirse, en una camioneta o un Ford Falcon, hacia su casa familiar en San Isidro, después de sus faenas como delincuente común o como integrante de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). A lo mejor, mientras manejaba, pensaba en algún rehén, en un detalle a mejorar para un nuevo asalto, en la sangre que goteaba de alguna de sus víctimas luego de las torturas. A un puñado de cuadras de aquella avenida, en la zona donde se solapan los barrios de Palermo y Colegiales, su nombre vuelve a aparecer. Gordon. El aniquilador (Planeta) es la segunda novela del historiador y periodista Marcelo Larraquy y el autor está ahora en una cafetería para hablar con Clarín. La mañana es fría y el cielo, plateado.
El periodista y escritor Marcelo Larraquy. Foto: Guillermo Rodríguez Adami. “No era ni un ladrón a tiempo completo ni un integrante de la Triple A a tiempo completo. Y así desemboca en la dictadura militar. Ahí es el único civil jefe de un centro clandestino”, dice Larraquy, autor de catorce libros, entre los que se cuentan López Rega, el peronismo y la Triple A, Argentina. Un siglo de violencia política y Gordon, su primera novela, en la que escarba en el periodo en el que este personaje oscuro da su primer gran golpe delictivo y después se vincula con los servicios de inteligencia.
También señala que “en nombre de la doctrina del peronismo se han hecho barbaridades” y encuentra conexiones entre el léxico de Javier Milei y la derecha peronista más ácida de los setenta.
–¿Hubo cambios en los mecanismos de escritura, en los enfoques o en la construcción de los personajes, desde la primera novela hasta esta?
–Las dos novelas me llevaron cinco años de trabajo. Ambas eran parte de un plan general, pero quise dividirlas para hacer más hincapié, en la primera, en la parte policial y, en la segunda, más en la parte política. Aunque las dos esferas se vertebran en una única personalidad, como la de Gordon. Él ya tiene la experiencia como delincuente cuando se suma a la Triple A. Gordon, en la cárcel, ve la oportunidad de que, si entra en la política, no lo van a perseguir, va a ser un aliado de la Policía. Da un paso más adelante que el delincuente común. Y otra cosa interesante es que Gordon es mayor para la época, tiene unos 40 años, es un tipo activo, sabe cómo golpear una puerta y hacerse pasar por militar. En esta segunda novela me enfoqué más en el personaje, con capítulos más cortos y escenas más corrientes. Hay un personaje que se casa, otro que se enamora de una persona a la que había marcado y que estaba quebrada; tiene mucho de conurbano también. Y los hechos “respiran” los setenta. No quería una novela sin lugares y con gente estereotipada.
–¿Por qué tomaste la decisión de focalizarte más en Gordon?
–En la primera novela jugaba a presentar un triángulo de acción entre Gordon, Julieta y Acosta, con Gordon como personaje central. Esa novela era más coral, yo plantaba a varios personajes. En la nueva novela están Acosta y Julieta, pero hay otros personajes nuevos, contados en no muchas líneas, pero potentes, como El Taca o Alejandro Giovenco. Hay también más presencia de Perón, de Isabel y de los conflictos internos del peronismo. Y está contado cómo el sindicalismo era el último obstáculo para que se diera el golpe militar de 1976. Este libro es, sobre todo, un thriller o una novela negra, anclada en la política argentina. Hace más de 25 años que vengo entrevistando a gente que participó de la violencia política. La conozco, sé cómo piensa, entonces, al momento de escribir la novela, todo eso me viene solo. Y en un personaje se sintetizan un montón de historias.
Me complace anunciar… que el libro ya está en las librerias.
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–¿Realizaste entrevistas a personas que participaron de la CNU o de grupos semejantes y que conocieron a Gordon?
–Sí, sí. Hice bastantes. Hablé con gente que “estuvo en la cosa”, como se decía en la época. Hablé en estricto off the record con gente importante. Es gente con mucho para decir, que fui entrevistando a lo largo de varios años. Leí además muchos expedientes, aunque no quería hacer un libro de expedientes. Son necesarios, tengo pilas de ellos, para usar detalles, no son el centro de la novela.
–El Gordon construido en la novela es alguien parco, por momentos caballeresco, pero, al mismo tiempo, un criminal implacable…
–Es un tiempista. Siempre está pensando para dónde ir. Respecto de la historia de Gordon, hay un vacío entre sus 20 y sus 40 años, no se sabe nada, no se ven delitos. Del muchacho que roba autos a los 19 se pasa a que roba un banco en 1971. Según sus vecinos era un hombre educado y amable. En la novela aparece como un tipo operativo, que sabe lo que tiene que hacer y cómo ubicarse en la época.
–¿Cuánto le importaba a Gordon lo ideológico?
–Era un delincuente al que la política le empieza a interesar en los setenta. Obviamente, Gordon iba a tener un mejor recorrido en la derecha peronista que en el ERP. En el ERP no lo hubieran aceptado, salvo para que les enseñara cómo robar un auto o un banco. Gordon sí era anticomunista. Tenía noción de lo que pasaba en el país, sabía lo que era la Policía y lo que era la guerrilla. Pero no tenía relación con la política partidaria. Era un ladrón de los de antes, pero si a sus procedimientos le agregás cinco gramos de ideología, eso es la Triple A. En la Triple A era como un invitado. Él siguió robando, nunca dejó de hacerlo. No era ni un ladrón a tiempo completo ni un integrante de la Triple A a tiempo completo. Y así desemboca en la dictadura militar. Ahí es el único civil jefe de un centro clandestino. Eso diferencia a Gordon de la imagen que uno tiene de un militante de la derecha peronista o de un policía miembro de la Triple A.
El periodista y escritor Marcelo Larraquy. Foto: Guillermo Rodríguez Adami. –¿Qué elementos comunes y diferentes encontrás en la Argentina que retratás en la novela respecto de la actual?
–El obrero de 1971, 1972, 1973, era más rico que el de la actualidad. En ese período había problemas económicos, pero era una Argentina mucho más rica que la de hoy. El tamiz de la dictadura y la dependencia de la deuda externa perdura hasta el día de hoy. Y 1975 es la semilla de eso. La Argentina de ahora es más pobre y desigual que la de los setenta. Antes un obrero podía vacacionar dos semanas en Mar del Plata, comprarse un auto, tener casa propia, que su hijo ingresara a la fábrica. La desocupación era menor. Eso en términos sociológicos. En términos políticos estaba la interna fratricida del peronismo, que aparece muy fuerte en la novela. Se ve el germen del Plan Cóndor. Y ves trazas… no quiero herir a nadie, pero esto de “zurdo, te vamos a correr”, que dice el actual oficialismo, es muy de la época de El Caudillo, es de la derecha peronista. El vocabulario de Milei, esto de “socialistas basuras”, es el de El Caudillo. Desde lo discursivo, Milei tiene ese lenguaje. Y después, antes y ahora, siempre están latentes las internas del peronismo. En este libro está contada también la guerra interna dentro de la derecha del peronismo y el tema de la doctrina y los leales. Perón se recuesta en los leales, pero todo eso se le va de las manos. Y desemboca en la Triple A. En nombre de la doctrina del peronismo se han hecho barbaridades. Cuando la doctrina se “enoja”, provoca todos estos hechos sangrientos de 1974 y 1975 para defenderla. Tenían la doctrina en una palma de la mano y las balas de todos los calibres en la otra. Tampoco era solo responsabilidad de ellos, la izquierda del peronismo quería ensanchar ideológicamente al peronismo. Y ahí se junta una guerra interna con la Guerra Fría. De alguna manera era o ir con el Che Guevara o con el Plan Cóndor. Y otra referencia de esa época que me viene a la actualidad es respecto de esta idea de “lucha contra el terrorismo”. ¿Ahora es una lucha contra el terrorismo o es contra el disidente ideológico?
–La serie Gordon está basada en tu primera novela. ¿Qué mirada tenés sobre ella?
–Participé del guion. Es interesante, es otra capa de ficción. Hay cosas del libro que no están en la serie, que tiene su propia impronta y su propio recorrido. La serie ancla en la atmósfera del libro, pero tiene vida propia. Y tiene la actuación descomunal de Rodrigo De la Serna. Sentí con la serie que es la que siempre hubiese querido ver. Fue hecha con mucho profesionalismo y conocimiento. El guion es una guía, una partitura necesaria, pero la serie es una obra de los artistas que la hicieron.
–Gordon. El aniquilador termina cuando comienza la dictadura. El Gordon real tuvo un protagonismo clave en los centros clandestinos Bacacay, Automotores Orletti y Pomar. ¿Habrá una tercera novela?
–Es importante señalar que la dictadura se termina valiendo de un delincuente común, de vulgares saqueadores que hablaban de la “lucha contra la subversión”. Quienes mancharon el uniforme de las Fuerzas Armadas fueron los propios represores. Material para una nueva novela tengo. No sabría bien cómo encarar tanta muerte. Este libro tiene muerte, pero no la dimensión del horror de Automotores Orletti, que es un Auschwitz condensado en un taller mecánico. Además, está bastante contado en causas judiciales. Conozco los hechos, conozco la información, pero no sé si estoy para escribir sobre eso…, pero lo mismo decía hace cinco años cuando empecé la primera novela sobre Gordon.
Marcelo Larraquy básico
- Es historiador, graduado en la Universidad de Buenos Aires, escritor y guionista. Fue jefe de la sección Investigaciones de Clarín (2011-2016) y trabajó en la revista Noticias (1995-2003).
El periodista y escritor Marcelo Larraquy. Foto: Guillermo Rodríguez Adami. - Ganó el Premio Konex a la investigación periodística en dos oportunidades: 1997-2007 y 2007-2017.
- Publicó Argentina. Un siglo de violencia política, que reúne y amplía la trilogía Marcados a fuego, De Perón a Montoneros y Los 70.
- Antes editó Código Francisco, sobre la estrategia política de Bergoglio, que siguió a Recen por él.
- Es coautor del bestseller Galimberti. De Perón a Susana, de Montoneros a la CIA, y autor de López Rega. El peronismo y la Triple A y Fuimos soldados.
- También escribió Primavera sangrienta, Los días salvajes y La guerra invisible. El último secreto de Malvinas. Su obra fue editada en España y México. Gordon es su décimo tercer libro.
Gordon. El aniquilador, de Marcelo Larraquy (Planeta)
