De manera milagrosa, luego de tres meses cargados de espinas que llevaron al tardío final del segundo ciclo de Gallardo, River llegó a la final del Apertura. Lo hizo por el formato del torneo -proclive a situaciones inesperadas-, por un toque de suerte -siempre necesaria-, por el envión de resultados, por el efecto Coudet, por levantarse tras perder el superclásico y por algunos buenos momentos -como contra Rosario Central-.

Llegó con lo puesto al Kempes, con bajas pesadas y jugadores pesados al límite (Acuña y Moreno). Lo ganaba dos veces por resiliencia y dos buenas conexiones entre Colidio y Galván. Pero ahí, en el momento decisivo, mostró una variada batería de deficiencias que terminaron con el 2-3 y el histórico título de Belgrano.

Por un lado, Coudet tardó en hacer los cambios (se imponía una inyección de energía con el chico Silva y jerarquía con Quintero). River retrocedió como una marca registrada del ciclo del Chacho, esta vez un retroceso inicialmente lógico para aprovechar espacios para la contra (ahí, se insiste, era clave Quintero para la pelota quirúrgica). Y la reacción post 2-2 fue destemplada, a los gritos, como si el título ya fuera de Belgrano aun antes del segundo gol de Uvita Fernández. Quedaba tiempo, faltaron cabeza fría y determinación.

Y variantes, claro. River además pagó la deficitaria conformación del plantel, que no tuvo el recambio acorde a sus necesidades y obligaciones. Porque cualquier futbolero podrá aseverar que el plantel millonario es justamente millonario: la cuestión es que fallaron varios refuerzos y terminó necesitando pibes que ni siquiera habían hecho la pretemporada de verano.

Así, estuvo a nada de ser campeón, pero otra vez mastica tierra.

La frustración de River tras perder la final (Fotobaires).La frustración de River tras perder la final (Fotobaires).

El resumen de River 2-Belgrano 3

El Pirata se consagró campeón del Torneo Apertura

El enojo y la expulsión de Coudet

El DT de River fue a encarar al árbitro una vez finalizado el encuentro

El DT de River vio la roja cerca del final del encuentro