Después de casi trece días de una de las peores crisis hídricas que recuerde el interior chaqueño, el agua comenzó lentamente a volver a las cañerías de Presidencia Roque Sáenz Peña y de las localidades abastecidas por el Segundo Acueducto del Interior.
Sin embargo, mientras la presión comienza a recuperarse, hay algo que todavía no llegó a los usuarios: una disculpa oficial y algún gesto de reparación hacia quienes debieron afrontar, de su propio bolsillo, el costo de una emergencia que no provocaron.
SAMEEP informó que el abastecimiento comenzó desde las cisternas de Sáenz Peña y que la normalización será progresiva, dependiendo de la recuperación de las presiones y de los niveles de reserva del sistema.
El presidente de la empresa explicó que los sectores más alejados serán los últimos en recuperar el servicio.
«La distribución ya comenzó desde las cisternas de Sáenz Peña y el agua irá llegando de manera paulatina a cada ciudad abastecida por el Segundo Acueducto, conforme se recuperen las presiones en toda la red. Nuestros equipos continúan realizando un seguimiento permanente para garantizar el correcto funcionamiento del sistema», señaló.
La explicación técnica resulta entendible. Lo que cuesta comprender para miles de usuarios es que, tras casi dos semanas sin agua potable, ninguna autoridad haya pedido disculpas públicamente por las consecuencias que dejó una crisis que paralizó la vida cotidiana de buena parte del centro chaqueño.
Agua turbia y con olor extraño
Vecinos de diferentes barrios de la ciudad manifestaron su preocupación este jueves 6 de agosto por el estado del agua que llega a sus hogares. A través de imágenes enviadas a este medio, aseguraron que el líquido sale con una coloración marrón grisácea y un fuerte olor desagradable, lo que, según expresaron, lo hace «imposible de consumir».
«El olor a podrido es insoportable», señalaron los vecinos, quienes también indicaron que temen por los riesgos que esta situación podría representar para la salud de sus familias. En las fotografías se observan bidones y baldes con agua visiblemente turbia, reflejando el reclamo de los usuarios.
Aguas con diferentes colores y aromas trajo el relanzamiento del II Acueducto( Imagen gentileza Multimedios Ciudad)
Una factura que pagaron los vecinos
Durante estos quince días fueron los propios ciudadanos quienes sostuvieron el abastecimiento.
Familias enteras debieron comprar agua transportada en camiones cisterna, perforaciones particulares o vendedores improvisados que aparecieron en todas las ciudades afectadas. En muchos casos, llenar un tanque domiciliario costó decenas de miles de pesos que llegaron hasta los 120 mil pesos, mientras otros debieron pagar bidones a precios muy superiores a los habituales.
El mercado del agua floreció al calor de la emergencia y dejó importantes ganancias para quienes aprovecharon la desesperación de la gente por acceder a un recurso indispensable.
Mientras tanto, los usuarios siguieron acumulando gastos extraordinarios sin que, hasta el momento, exista anuncio alguno de compensaciones, descuentos en las facturas o algún mecanismo de resarcimiento por un servicio que simplemente no existió durante varios días.
Las imágenes que dejaron al descubierto la magnitud de la crisis
Quizás una de las postales más impactantes de esta emergencia fue observar a vecinos abriendo cámaras de inspección del acueducto para extraer agua con baldes y bidones.
Lejos de tratarse de hechos aislados, esas escenas se repitieron en distintos puntos del recorrido del Segundo Acueducto.
Como prueba de ello, El Diario de Sáenz Peña recibió un video donde puede observarse el agua desbordando por una boca de inspección abierta, mientras vecinos intentan aprovechar cada litro disponible.
Las imágenes dejan otra pregunta sobre la mesa: cuántos puntos del sistema quedaron vulnerados durante la emergencia y qué tareas deberán realizarse ahora para garantizar la seguridad y el correcto funcionamiento de la red?
Derrame a borbotones de una boca de inspección en ruta 16, la misma ya genero una represa de agua potabilizada
Una crisis que deja lecciones
Desde SAMEEP ratificaron que continuarán ejecutando obras y tareas de mantenimiento para fortalecer la infraestructura de agua potable.
La intención es necesaria, pero la crisis dejó al descubierto que no alcanza únicamente con reparar una rotura.
También será indispensable revisar los protocolos de contingencia, mejorar la comunicación con la ciudadanía, fortalecer los sistemas alternativos de abastecimiento y establecer mecanismos de asistencia para los usuarios cuando una emergencia de esta magnitud vuelva a ocurrir.
Porque el agua comenzó a regresar lentamente a las canillas.
La confianza de los usuarios, en cambio, tardará mucho más en recuperarse.
