Y en el Día de la Primavera, Nueva Chicago zafó de un flor de golpazo. No solo porque no se podía permitir otra derrota como hizo en siete de sus últimas nueve presentaciones, sino porque menos que menos podía hacerlo contra un rival directo en la lucha por el descenso como lo es Patronato. Pero cuando no se puede ganar, tampoco hay que perder. Y después de un primer tiempo donde lo pelotearon, el Torito cambió la cara y rescató un punto que no lo deja conforme pero que sí lo alivia de una peor situación.
El Patrón fue un hueso durísimo de roer. Contrario a lo que se podía especular, nunca se achicó. No le pesó estar peleando abajo ni ir a una de las canchas más picantes del Ascenso. De hecho, su papel fue tan bueno durante los primeros 45 minutos que media hora le bastó para que desde las tribunas cayera el «movete, Chicago, movete» y en el entretiempo el «jugadores…». A pesar de que los dos se jugaban la salvación, uno salió a comerse la cancha y el otro a especular.
La visita copó la parada
El planteo de Marcelo Fuentes fue claro: no dejar jugar al local. Y vaya si los jugadores se lo tomaron en serio: donde había uno de camiseta verdinegra, uno de rojo y negro lo perseguía como un perro de caza. Chicago no jugó. Con un Valentín Pereyra infernal, que dejó pagando en todos los duelos al lateral derecho Palazzo y un Renzo Reynaga que a pesar de ser un llanero solitario se fajó con los centrales y ganó siempre de espaldas, los de Entre Ríos fueron decididamente mejores.
Pero la apertura del marcador no llegó con una jugada colectiva, sino que fue con la pelota detenida. Carambola mediante, la redonda le quedó a Meritello y, después de lucharla, el 4 que venía sufriendo los ataques lo agarró dentro del área y Llobet apuntó al manchón penal. Parejito… El 9 abrió el pie y no perdonó. Victoria parcial justificada y merecida.
Un cambio de cara
Pero Lotito metió mano en el complemento y los cambios surtieron efecto. Palazzo no salió a jugar el segundo tiempo y con Antunes en cancha Chicago dejó de sufrir las apiladas de Pereyra. Sin chispa arriba, Patronato se replegó y, en consecuencia, el Torito se adelantó y asumió el rol de protagonista. Más ímpetu que fútbol, claro, pero así llegó la igualdad: el Colo Rodríguez metió un bombazo de afuera del área y, por el rebote en un rival, la bocha se llenó de veneno, tomó una parábola rara y Alan Sosa se tragó el empate.
A partir de eso, el match se rompió. No hubo mediocampo que valga, pero el local se envalentonó y tuvo chances para ganarlo. Ojo, en varias contras también pudo haberlo perdido. Del empate solo hubo un beneficiado: Chacarita. A ninguno de los protagonistas le sirvió el poroto, pero en San Martín se gritó el pitazo final que deja a Chaca a tiro de la salvación en la Primera Nacional.

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