Xul Solar fue una figura extraordinaria y compleja. Un hombre en capas y un renacentista en toda su extensión, que cuando murió hace 63 años en su casa de Villa La Ñata, Tigre, provincia de Buenos Aires, era todavía un misterio para la mayoría. Con excepción de su esposa, (Micaela) Lita Cárdenas, que lo acompañó en todo.

El piano alemán con el teclado modificado por colores de Xul Solar vuelve a la vida para este documental. Foto: gentileza.

El pintor, el inventor, el astrólogo, el músico, el inventor de lenguas, el visionario, dejó una obra singular que hoy es requerida por museos e instituciones culturales de Europa y Estados Unidos, por su contemporaneidad y aporte a las vanguardias del siglo XX.

Cristian Costantini presenta en el Malba el documental Xul, de una hora y poco más de 40 minutos, en el que recorre la vida y la obra inagotable de Xul Solar, a través de entrevistas y un archivo excepcional, depositado en la Fundación Pan Klub y Museo Xul Solar, a cargo de Mariana Povarché, y en el Archivo General de la Nación. Se adentra en el universo de un hombre singular. Borges decía que Xul era un genio solitario, “un padre de lenguas, utopías y mitologías”.

Por orden de aparición en el documental hablan, además de Borges, Alejandra Eusebi Polich, Vilma Piñeyro, Jorge Schwartz, Daniel Nelson, Luis Felipe “Yuyo” Noé, Patricia Artundo (responsable del catálogo razonado de Xul), Rafael Cippolini, el mismísimo Xul Solar, Natalio Jorge Povarché (su marchand que lo catapultó como artista plástico), Mario Gradowczyk, Jorge López Anaya, Marco Naya, Cintia Cristiá, Martha Caprotti y Leo Genovese.

El guión y dirección son de Costantini, con un vasto equipo de producción, fotografía, diseño, musicalización y sonido.

Xul y su mujer Lita, en el documental de Cristián Costantini.

El film comienza con Borges. Una mano hojea Ficciones, mientras la voz en off del argentino más universal habla de Xul. Ambos compartieron una amistad basada en esa altitud vital que se sustenta en la filosofía, en el interés por las lenguas y en las cosmovisiones que también alimentaron la obra de ambos, cuyo rasgo distintivo hoy es esa inagotable profusión de lecturas que emergen, tanto de la obra literaria de uno, como de la obra pictórica e imaginativa del otro.

De inmediato el recorrido comienza en el Museo Xul Solar, las obras que componen la colección permanente allí colgadas, el profuso archivo que atesora las investigaciones del artista, su panajedrez, las fotografías (de Xul y su esposa Lita hay varias), y Borges expresando su admiración por la compleja genialidad de Xul Solar, cuyo verdadero nombre era Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari.

Cuando se fue a Europa en 1912, Xul adoptó un nombre que pudiera sonar breve y a su vez lo expresara. Eligió Xul como una “traducción” del apellido paterno Schulz, y porque es la inversa de lux (luz). Su apellido reduce el materno: Solari. Para entendidos: Xul Solar podría traducirse como Luz Solar.

Cipollini se refiere en el documental a las observaciones más sofisticadas del artista que se sentía libre de crear lo que quisiera y corría los límites de la condición humana.

Xul, el panlingüista

En el film, Felipe Yuyo Noé destaca que en su afán de inventar una lengua universal, Xul mismo comenzó hablando inglés, italiano, francés, portugués, ruso y guaraní y que leía en latín, griego, sánscrito y chino. Un hombre multidimensional que, como dice Patricia Artundo, exige ser traducido para ser comprendido, pero que Yuyo Noé destaca en un sentido contrario: su obra no es compleja para el público en general. Emociona y enamora. El pintor Xul Solar no resultaba intrincado.

Para Borges todas las lenguas cabían en la panlengua de Xul basada en la astrología, en la que creía firmemente tanto como en la pluralidad de los dioses. Sin embargo, hay un hecho en el documental, que a simple vista pasa sin más, pero que en su vida fue significativo: la muerte de su hermanita a temprana edad. Eso fue una marca en su vida que, quizá entre otros motivos, lo llevó a tratar de sumergirse en la espiritualidad a través del arte, la invención, la música y la panlengua.

Tras 12 años en Italia, junto con Emilio Petorutti, en 1924 Xul regresa al país y elige su propia forma de presentarse en sociedad: un artista intelectual. Pues lo hace a través de pintura, pero también mediante su complejo aspecto intelectual, que incluía la astrología y el esoterismo. Con ese aspecto de su personalidad comienza el documental de Costantini.

“Xul sabía que era un personaje”, dice el crítico Cippolini.

Para Noé, el aspecto saliente es preguntarse hasta qué punto gravitó en la pintura argentina y dice que Xul Solar fue marginal al canon artístico, porque era más conocido como “el amigo raro de Borges”, dice Cippolini. Sin embargo, el polifacético Xul habría de convertirse en la vanguardia desde mitad del siglo XX.

Museo Xul Solar, casa taller donde el artista creo y vivió en sus últimos años de su vida.

Artundo dice que, en su regreso, no fue una figura prominente. “Era más bien incómodo en el canon”, señala. Para muchos era “un astrólogo que pintaba”. Solo después de su muerte, y gracias al trabajo de su viuda Lita Cárdenas, de la Fundación Pan Klub (que antes de morir ya había propiciado su creación) y de su marchand Natalio Povarché, la obra de Xul Solar adquiere protagonismo como arte visual con un sistema de producción muy propio.

En los años 70, Solar comienza su ascenso al reconocimiento masivo. Así lo recuerda Artundo, autora del catálogo razonado. Y el mismo Povarché admite que en vida de Xul no se vendió mucha obra, pero sí se vendió más tras su muerte.

Povarché ubica la participación de Solar en el Grupo Martin Fierro como el punto de partida del reconocimiento público del artista. Y Artundo dice que, una vez fallecido, su obra comienza a integrarse a colecciones y a ser más pública.

Hoy, es solicitado de todas partes, para exhibiciones que tienen como punto de partida la astrología o el esoterismo, un concepto que marca tanto su vida como su obra.

Un dato interesante surge de la crítica de arte. Jorge López Anaya destaca que las corrientes espiritualistas están todas conectadas a la obra de Xul Solar. El arte era para el artista un remanso para el espíritu. En él converge todo: la astrología, la astronomía, el esoterismo, la espiritualidad en busca siempre de algo trascendente.

Xul, el músico olvidado

El conocido afinador de pianos Marcos Naya, un oficio exquisito en extinción que él ejerce con los pianos de Martha Argerich en la Argentina, aborda al Xul músico, que es quizá el menos conocido, pero igualmente importante. Naya es afinador de pianos en el Teatro Argentino de La Plata.

Afiche de "Xul", el documental sobre Xul Solar.

Al referirse al piano alemán del artista, que hoy está en el Museo Xul Solar, Naya destaca que el teclado es completamente diferente a un teclado normal. Hasta en esto se diferenció, pues el sistema que tiene el instrumento es distinto al tradicional. ¡Y suena exquisitamente!

“Toca todas las notas del piano, que son 85, pero con menos extensión”, dice el experto, al referirse al tipo de sonidos que emergen del instrumento.

Y he aquí una faceta distintiva y poco explorada de Xul, que Cintia Cristiá subraya en el documental: al hacer su libreta de enrolamiento (documento masculino antes del DNI general que hoy tenemos todos los argentinos) en el casillero de profesión escribió: músico y pintor. En ese orden.

El dato se lo proporcionó Martha Rastelli de Caprotti y fue el antecedente que condujo a Cristiá a investigar la importancia de la música en la vida de Solar, lo que volcó en el libro Xul Solar, un músico visual. La música en su vida y su obra.

El documental se acerca, sobre el final, a la casita del Tigre, que en un acuerdo con el municipio de ese distrito por parte de la Fundación Pan Klub y el Museo Xul Solar, se abre al público los viernes y sábados como un centro de información sobre el artista multifacético. Allí murió, de modo que su importancia para acercarse a su figura es fundamental.

Tres obras de Xul Solar: “Tapiz”, “Rinde” y “Mandalas”. Foto: gentileza.

Es Martha Rastelli de Caprotti quien cierra el film, desde ese remanso en tonos sepia y verde, como son los colores del Tigre. Caminando por la pasarela que aproxima a la casa, Caprotti recuerda que se integró a su proyecto en los años 70. La cámara recorre la humilde casa, el mobiliario, las fotografías, mientras Martha desgrana sus recuerdos: Xul, como constructor de todo cuanto hay todavía en la casa del Tigre, y Lita, ya jubilada, instalada junto a su marido.

De nuevo, la voz de Borges se despide -metafóricamente- de Xul, muerto el 9 de abril de 1963, a los 75 años, allí mismo en su remanso de río.

Xul, el artista vivo

En pleno siglo XXI, Xul Solar es un artista requerido tanto en la Argentina como en el exterior.

Gastón Gurlekian, coordinador del Museo Xul, en Recoleta, nos cuenta que hasta octubre de este año, la obra “Juego de cartas de Tarot”, de 1954, forma parte de la exposición Tarot! Renaissance Symbols, Modern Visions, en la Morgan Library & Museum, de Nueva York.

Sin título (Rinde), de Xul Solar (1919), acuarelas. Foto: gentileza.

La exposición explora la historia cultural y artística del tarot desde el Renacimiento hasta la actualidad.

A partir del 17 de septiembre próximo y hasta el 29 de agosto del año siguiente, 14 obras de Xul se integrarán a la muestra Live the Surreal, en el Wereldmuseum, de Rotterdam, en los Países Bajos.

La expo revisa el surrealismo como una actitud global y una forma de resistencia frente a distintas formas de opresión. Cuestiona las lecturas eurocéntricas del surrealismo y Xul tendrá un lugar destacado en la muestra.

Todas las obras que irán en préstamo son del acervo del Museo Xul Solar y de su trastienda. Entre ellas se destacan “Rua Ruini”, “Templos” y “Muros y escaleras”.

En proyecto, tanto la Fundación Pan Klub como el Museo Xul planean desembarcar en Madrid, aunque el proyecto se está cerrando en estos días.

Sin título (Mandalas), de Xul Solar (1925), acuarelas. Foto: gentileza.

La Fundación Mapfre, reconocida por sus exhibiciones internacionales, planifica la exhibición La Rueda de la Fortuna: la adivinación en el arte moderno, con curaduría de Teresa Arcq y Susan Aberth. Se han solicitado ocho obras del acervo del artista. Entre otras, “Zodíaco”, “Máscara Tauro” y “Tablero de I Ching”.

Como todo renacentista fuera de su tiempo, Xul Solar no ganó un lugar en el canon de manera veloz. Pero el trabajo tenaz de su marchand Natalio Povarché y de su viuda Lita Cárdenas, primero, y de la Fundación y el Museo, después, lo colocaron en un lugar muy especial. Hoy su obra es tan solicitada por el Malba como por el Museo Nacional de Bellas Artes (por ejemplo, en la expo de la egiptología hubo obra de Xul), e integra colecciones destacadas.

El coordinador del Museo que conduce Mariana Povarché nos cuenta que el documental Xul será programado para el espacio. Hoy se proyecta en el Malba.

Porque, no vale negarlo, ¿a quién no le despierta curiosidad explorar los misterios de la vida a partir de las disciplinas que las ciencias duras rechazan? La astrología, el tarot y el esoterismo están a la orden del día.