La gran polémica de la final es el penal que le dio a Belgrano la chance del empate 2-2, cerca del final del partido. Porque en primera instancia, Yael Falcón Pérez no ve sancionable la postura de Rivero y hace el gesto de que estaba con las manos hacia atrás, como denotando intención de no jugar la pelota.
Leandro Rey Hilfer chequea en la cabina VAR cerca de 3’ y llama a revisión, y es viéndola por pantalla que el árbitro principal percibe el movimiento que hace el defensor de River hacia la pelota, bajando el hombro y abriendo un poco el codo (“Primero no me pareció, pero cuando la observo en el VAR veo el movimiento adicional que hace bajando la mano”, dijo luego en La Red).
Lo que podía parecer una mano involuntaria y no sancionable, por la proximidad del envío de Uvita Fernández y la postura natural del brazo al costado del cuerpo, se vuelve cobrable observando ese movimiento, casi instintivo, con el que Rivero logra interceptar el peligroso pase a Hernandes. Eso explica el árbitro por micrófono: dice “con un movimiento” y lo grafica con su cuerpo.
Rivero, que esperaba el pase con el torso erguido y como expectante de una cesión hacia adentro más que una hacia afuera, inclina el hombro izquierdo hacia donde viene la pelota, quizá para cortar con ese hombro; lo baja, abriendo un poco el codo de ese lado, y en cuanto toca la pelota cortando el pase, lo retrae hacia atrás, como si quisiera mostrar que no quiso.
Tarde: ya la había frenado, y las manos llevadas rápido hacia atrás fueron casi una confesión. Aunque necesitó del VAR para decidir (¡qué no se estaría diciendo hoy de Falcón, que está a punto de viajar al Mundial, si no hubiese cambiado su fallo tras la revisión!), es una sanción defendible.
Un arbitraje correcto
Esto, dentro de un arbitraje que zafó en general y que tuvo pocas otras polémicas. Fue correcta la tempranísima amarilla a Aníbal Moreno (2’PT) y no hubo penal de Ocampo a Meza en el arranque del segundo tiempo (el defensor llegó a pellizcar la pelota desde atrás antes del choque de los cuerpos, y ni Meza pidió falta).
Lo más cuestionable fue cuando Passerini atropelló deliberadamente a Martínez Quarta, sin siquiera mirar la pelota que el defensor iba a cabecear; encuadraba en acción temeraria y amonestable, a un jugador que ya tenía amarilla.
Falcón pareció no querer dejar con diez a un equipo en la final a los 8’ del segundo tiempo. Y es cierto también que, en general, tuvo un manejo disciplinario no muy severo, con solo cuatro amarillas, aparte de la que mostró fuera de la cancha, a Armani, y la roja a Coudet, que le gritó «¡Ladrón!».

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